Lenore estaba en la flor de la vida y era el orgullo de su gente, su piel de ébano, que prácticamente relucía bajo el sol contrastaba espléndidamente con su cabello, tan blanco como las nieves sobre la cumbre del monte Nisir.
Pero si bien su vista bastaba para alegrar el corazón de cuantos la contemplaban, no era ésta la razón de que ocupara un lugar tan especial en el alma de su pueblo.
El motivo por el cual se había convertido en la favorita tanto del pueblo como de los sacerdotes residía en su privilegiada voz, con matices legendarios y rayando en lo sobrenatural. Con el paso de los años se había convertido en el tema de varias leyendas, la mayor parte de ellas en conflicto entre sí, se decía que podía ser tan grave como para desmenuzar cualquier muro del reino (en las versiones más coloridas de la leyenda, se afirmaba haberla visto desmoronar colinas completas sólo por diversión), y tan aguda como para astillar las gemas más resistentes. La verdad, por supuesto, era menos espectacular, y si bien no poseía ninguna capacidad destructiva real, si era cierto que gracias a su expresividad y al talento y pureza del alma de la doncella, era capaz de levantar los espíritus de los hombres hasta llevarlos a la euforia o conmover sus corazones hasta reducirlos a un manojo de lágrimas.
Lo que el pueblo no sabía, y que Lenore tenía órdenes estrictas de mantener oculto por tanto como le fuera posible, era que desde hacía un tiempo ya, era incapaz de cantar. El caso tenia sumidos en la confusión más absoluta a todos los médicos, sacerdotes y chamanes del reino. La joven podía hablar normalmente, sus cuerdas vocales no mostraban la más mínima anormalidad y no experimentaba dolor ni molestia alguna, pero cada vez que intentaba entonar una canción el único resultado era el silencio más desesperanzador.
La luna dominaba el cielo nocturno en todo su esplendor la noche que Lenore fue raptada, todo ese día había tenido una sensación de anticipación, como si supiera que algo trascendental iba a suceder, la sensación había ido aumentando en intensidad a medida que el día transcurría, y al caer la oscuridad se había tornado casi insoportable. Podía sentir todos sus músculos tensos como la cuerda de un arco, expectantes y preparados sin saber bien para qué. Las cosas se volvieron incluso más inusuales cuando, contra todo pronóstico, fue capaz de cantar sus primeras frases tentativas en muchos meses, podía intuir que algo estaba cambiando y al mismo tiempo se sentía abrumada por una sensación de deja vu.
Tal vez eso explique por qué no se resistió cuando unas manos extrañas la sujetaron y forzaron dentro de una especie de saco, tal vez pensó que el retorno de su voz y estos acontecimientos estaban relacionadas y que el secuestro era alguna nueva tentativa de los sacerdotes por curarla de su misteriosa aflicción. Lo cierto es que pese a lo alarmante de la situación, Lenore se sentía extrañamente en calma. Incluso cuando tiempo después las mismas manos le quitaron el saco sólo para encerrarla en una especie de sarcófago forrado en piel se mantuvo tranquila, sabía que todo iba a estar bien, de alguna manera tenía la certeza que por fin iba a volver a cantar como en sus mejores momentos, se sentía en paz y optimista, y dentro de su sarcófago se aprestó a esperar pacientemente su momento...